La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha pedido a Rusia más información sobre la muerte de una trabajadora de un instituto especializado en peste, ocurrida en Siberia y relacionada inicialmente con una posible neumonía de origen peste. La investigación busca aclarar qué sucedió y determinar si existe algún riesgo para la salud pública.
La OMS ha solicitado los resultados de las pruebas realizadas a la fallecida y a sus contactos, además de detalles sobre las medidas sanitarias adoptadas y el estado de las personas que pudieron estar expuestas. Su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, defendió un intercambio rápido, completo y transparente de información para poder evaluar los riesgos.
La organización admite que todavía no dispone de una imagen completa de lo ocurrido. Estados Unidos y países vecinos de Rusia, entre ellos China y Mongolia, también han mostrado interés o se han puesto en contacto con las autoridades rusas.
Mientras tanto, el Gobierno ruso limita la información pública a los comunicados de Rospotrebnadzor, el servicio de defensa del consumidor. La palabra peste ha dejado de aparecer en las declaraciones de varios funcionarios, y algunos medios han retirado informaciones publicadas sobre el caso. Una noticia sobre la apertura de un procedimiento penal por el incumplimiento de normas sanitario-epidemiológicas desapareció posteriormente de la web de un periódico.
Medios independientes informaron de cuarentenas en varios hospitales, una medida que residentes locales confirmaron, aunque las autoridades la negaron. El portavoz presidencial Dmitri Peskov también rechazó las informaciones sobre la supuesta muerte de un segundo paciente y afirmó que la mayoría de las noticias difundidas sobre la situación eran falsas.
Rospotrebnadzor sostiene que la mujer fallecida, de 28 años y empleada en el Instituto de Investigaciones de la Peste de Irkutsk y el Lejano Oriente, murió por una neumonía de etiología desconocida. La OMS mantiene abierta la investigación mientras reclama datos que permitan establecer con mayor precisión qué ocurrió y cuál es el alcance del posible riesgo.
El debate queda así situado entre la necesidad de las autoridades rusas de controlar la comunicación durante una investigación sanitaria y la exigencia de la OMS de compartir información suficiente para evaluar una posible amenaza epidemiológica.

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